

En el caso de Buenos Muchachos (1990), por ejemplo, utiliza su lenguaje cinematográfico de manera magistral. Sin embargo, su férrea adherencia a los elementos fácticos de la historia (que está basada en hechos reales) Nos permiten ubicar a la película en un contexto realista, entendiendo que los rasgos expresionistas de la misma sirven para acentuar las emociones de los personajes ante hechos más o menos objetivos.
Como ejemplo de un caso contrario tenemos Después de Ho

Sin embargo, algunas de sus películas juegan un balance tan delicado entre su interés por construir un ambiente completamente creíble, y retratarlo de una manera vertiginosamente expresionista, que a simple vista no sabemos cómo interpretarlas. Ésto las convierte en experiencias mucho más ricas, que pueden leerse a niveles muy diferentes. El ejemplo más famoso es probablemente Taxi Driver (1976).

¿Qué estamos viendo cuando vemos Taxi Driver? Podría ser el retrato de un psicópata. Después de todo, sabemos del daño Psicológico que la guerra de Vietnam causó a muchos soldados que no estaban listos mentalmente para enfrentarse a esa realidad. También sabemos lo frustrante que fue la década de los setentas para la población de Estados Unidos, gran parte de la cual se vio afectada por la frustración y el enojo que les provocaba la realidad social y política del país. Bajo esas condiciones –que además están, de una u otra manera, retratadas en la película- podemos entender que la realidad golpeara a un ser humano hasta transformarlo en un ser como Travis Bickle.
(A continuación, SPOILERS)
Por otra parte ¿Está la película lidiando necesariamente

La posibilidad de identificarnos con el personaje de esta manera, se da a través de los elementos cinematográficos que Scorsese decide utilizar. El narrador en primera persona nos mete a la cabeza del personaje, los brincos en la edición nos permiten experimentar su percepción fragmentada del mundo, las tomas subjetivas nos obligan a ver el mundo desde su punto de vista (no es coincidencia que la toma más famosa de la película sea la del reflejo de Travis en un espejo.

Scorsese ha comentado que le horrorizó, tras el estreno de la película, ver que la audiencia vitoreaba a Travis en las escenas más violentas. Él imaginaba, por el contrario, que la gente rechazaría tal violencia. Y aunque estoy de acuerdo en que un espectador inquisitivo entenderá el elemento de crítica social, la realidad es que para ese punto, los realizadores han sido tan eficientes en su esfuerzo por hacernos identificar con el personaje, que es comprensible que ciertas personas (especialmente las que estén lidiando más profundamente con su propio enojo interior) lo comprendan y lo celebren.

Otras películas en las que Scorsese nos ofrece retratos que nos hacen dudar entre observar al personaje o introducirnos en su mente, son Toro Salvaje (1980), La Última Tentación de Cristo (1988), y Vidas al Límite (1999). Curiosamente, todas estas películas tienen algo en común: La participación como guionista o coguionista de Paul Schrader. ¿Es este equilibrio una característica innata del trabajo de Schrader, o es simplemente el choque de las sensibilidades de ambos el que genera este peculiar balance? Queda la pregunta abierta para otra ocasión.
ohhhh quiero ver esa película!
ResponderEliminarTremendo Don Guido, que post tan adecuado y disfrutable... Salud.
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