
Aunque siempre he escuchado buenas cosas al respecto, y he sentido curiosidad, nunca me había animado a leer un cómic de Conan. Posiblemente el fantasma de los recuerdos infantiles de la adaptación cinematográfica del personaje Con Schwarzenegger en el protagónico me lo habían impedido. Afortunadamente, recientemente conocí a Javier Fernández (a quien pueden leer regularmente aquí), cuya recomendación me convenció de comprar el primer tomo de The Savage Sword of Conan (Dark Horse Books, 2007). En este volumen se encuentra la adaptación de una de las historias más celebradas del personaje: Red Nails.

La historia comienza con Valeria, quien se encuentra en lo que parece ser un idílico bosque, hasta que esta ilusión es rota cuando, en la cima de un monte encuentra un esqueleto humano, que no parece haber sido víctima de una herida. Esto pone a Valeria en estado de alerta, lo que le permite percatarse de la presencia de alguien que se le acerca por la espalda: es Conan, que la ha estado siguiendo, con el deseo de utilizarla para saciar su apetito carnal.
La confrontación entre ambos se ve interrumpida cuando la presencia de un dragón en el bosque los obliga a aliarse para sobrevivir. Sin ahondar en detalles sobre la trama, digamos que su huida los lleva a una misteriosa ciudad amurallada en medio del desierto. A pesar del fastuoso interior de la ciudad -que está cubierta de jade- sus habitantes, divididos en facciones opuestas, viven ocultos, y parecen ser cobardes, supersticiosos, débiles y traicioneros.
El contraste entre la dupla Conan/Valeria y los habitantes de Xuchotl –que así se llama la ciudad- es muy interesante. Conan y Valeria se presentan a sí mismos, abiertamente, como ladrones y bandoleros. Conan habla del placer que le produce pelear y matar, y aunque le interesan los tesoros que puede saquear, cuando decide aliarse con uno de los bandos, lo hace más por diversión. Estos personajes se han entregado por completo a su id, son espíritus libres. No dejan de ser personajes razonables e inteligentes, es simplemente que se han liberado de los códigos sociales y morales.
Los habitantes de la ciudad, por el contrario, han sido corrompidos bajo el peso de la civilización. Su misma apariencia física es decadente, y viven en un estado de neurosis constante. Lo que es más, el miedo y la avaricia los ha hecho traicionar las propias reglas que se supone que deben regirlos como sociedad. Son criaturas inmorales, a diferencia de Conan y Valeria que, al ser congruentes con sus propios impulsos, se vuelven amorales.


La conexión con Desmond Morris se hizo más profunda en mi mente cuando leí que Robert E. Howard se suicidó a los treinta años, de manera premeditada y estando lúcido. Es como si él hubiera vivido siempre dolorosamente conciente de las ideas que Morris plantearía treinta años después de su muerte, y no hubiera encontrado una manera de escapar de su realidad. Su espíritu se veía reflejado en Conan, pero su realidad (como él la percibía) tenía más en común con los patéticos ciudadanos de Xuchotl. Es señal de su percepción negativa y fatalista que ninguno de ellos sobreviva al final de la historia.
A final de cuentas, me parece interesante encontrar en una historia (puede aplicar tanto para el cuento como para el cómic) que podría ser considerada estrictamente pulp, elementos que reflejan no sólo la sensibilidad del autor, sino que lo llevan a conclusiones que encontrarían su reflejo en el entorno científico décadas después.

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